Desindividuación: el poder del grupo para generar violencia

Desindividuación. Psicólogos Coruña.

 Las últimas manifestaciones contra los recortes del Gobierno producidas en Madrid durante estos días, han sido noticia en los medios de comunicación en mayor medida por las conductas violentas mostradas por policías y manifestantes que a causa del fin reivindicativo de las mismas. Todos hemos podido ver la forma en la que algunos policías reprimían a manifestantes y ciudadanos de una manera más que cuestionable, a la vez que se negaban a proporcionar y llevar visible su nº de placa o golpeaban a las cámaras para no ser grabados. A su vez, grupos de manifestantes que ocultaban su identidad tras una capucha o pañuelo, agredían a estos agentes derivando en nuevas cargas policiales y una espiral  de violencia incontrolada.

 

 La relación entre el anonimato y la violencia es bien conocida en Psicología materializándose en lo que se conoce como "desindividuación", fenómeno por el cual los sujetos al perder su identidad personal dentro de un grupo son menos conscientes de sus valores morales y más proclives a responder a cualquier señal de agresión de forma violenta.

 

 Aunque el proceso lleva funcionando, y bastante bien por cierto, desde el principio de los tiempos, no encontramos la primera referencia en la literatura científica hasta 1895, cuando el sociólogo francés Gustave Le Bon observa que los individuos "se pierden" en las multitudes y hacen cosas que no harían solos. Ya en 1952, los psicólogos Festinger, Pepitone y Newcomb acuñaron el término al investigar la pérdida de la individualidad de los sujetos dentro del grupo, pero sin duda su mayor difusión y repercusión se produciría en el verano de 1971, cuando el joven psicólogo social de la Universidad de Stanford Phil Zimbardo se preguntó que pasaría si ponemos a buenas personas en un sitio malo: ¿la humanidad gana al mal o el mal triunfa?. 

 

 Para averiguarlo reclutó una serie de voluntarios mediante un anuncio en el periódico local dónde se pedía la colaboración a estudiantes universitarios con la finalidad de comprobar los efectos psicológicos de la vida en la cárcel. De las más de 70 personas que respondieron, se seleccionó un grupo de 24 individuos que no mostraban patología alguna y fueron asignados de forma aleatoria a dos grupos: una mitad representaría el papel de guardias y la otra el de prisioneros de una prisión ficticia. Se intentó que las condiciones fuesen lo más reales posible,  para ello se habilito una serie de instalaciones dentro de la universidad a modo de cárcel y se uniformó tanto a guardias como a prisioneros, haciendo pasar a éstos últimos por un proceso de "ingreso" en el cual eran recogidos en sus casas por la policía y llevados con los ojos vendados a prisión, donde serían identificados con un número, sus cabezas cubiertas con un gorro y obligados a llevar el peso de una cadena atada a sus tobillos.

 

 El grupo de guardas, además del mencionado uniforme idéntico, un silbato y una porra, fue equipado con unas gafas de espejo que evitaban mostrar sus emociones al tapar sus ojos, incrementando así su anonimato. No se les entrenó de forma específica para desempeñar su tarea, pidiéndoles únicamente que mantuviesen el orden de la prisión  dentro de unos límites, pero un experimento que estaba previsto que durase dos semanas tuvo que ser suspendido a los seis días debido a sus devastadores efectos. 

Desindividuación. Psicólogos Coruña.

 Los participantes se metieron tanto en su papel que a los pocos días comenzó a parecerse dramáticamente a una cárcel real, los guardias manifestaron conductas sádicas intentando hacer cumplir de forma estricta las normas mediante castigos corporales como las flexiones, llevando a cabo recuentos en medio de la noche o aislando en celdas individuales a los "reclusos" más conflictivos. Los prisioneros respondieron como era de esperar en la vida real, mediante una rebelión en sus celdas, que tras ser sofocada dejo paso a una sensación de opresión, perdida de identidad y severos síntomas de estrés agudo. Realmente creían estar encarcelados, hasta el punto de que ante la visita de un sacerdote con experiencia penitenciaria introducido deliberadamente, se identificaron mediante el número que se les había asignado y no con sus nombres reales. Asimismo muchos de los encarcelados, ante el ofrecimiento por parte del religioso de ponerse en contacto con su familia para que contratasen los servicios de un abogado, respondieron de forma afirmativa aunque no había nada que les obligase a continuar con el experimento.

 

 ¿Como personas normales pueden llegar a estos extremos?.Zimbardo concluyó que la desindividuación resultaba fundamentalmente de dos mecanismos que actúan de forma conjunta: el anonimato, el cual favorece que los sujetos sean menos conscientes de su conducta individual a la vez que minimiza sus características personales, y el abandono de la responsabilidad personal en favor de la responsabilidad del rol, es decir, los sujetos simplemente se comportaron como se esperaba que debían hacerlo en función del grupo al que pertenecían. Si a esto le sumamos un alto grado de activación propio de la situaciones desconocidas o en las que esta en peligro la integridad, tendremos el coktail perfecto para la violencia colectiva.    

Desindividuación. Psicólogos Coruña.

 De esto se ha aprovechado a lo largo de la historia todo aquel que pretendiera manipular a un grupo de personas con el fin de que acatasen las normas grupales sin cuestionarlas demasiado o de que cometan actos violentos dejando a un lado su moral. Los ejemplos son innumerables, desde el ejercito, donde lo primero que se les hace a los reclutas es cortarles el pelo al cero y uniformarlos, eliminando así cualquier rastro de su personalidad, a distintas organizaciones violentas que como el Ku Klux Klan esconden su identidad detrás de máscaras mientras cometen atrocidades.

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 Volviendo al aquí y ahora del comienzo, la solución propuesta por el Gobierno publicada en prensa hace unos días de prohibir las manifestaciones en las que se lleve el rostro cubierto, suponiendo incluso un delito tipificado en el código penal, será inútil para evitar la violencia si no se hace lo propio con la policía, obligándoles a llevar bien visible su número de identificación como reclama gran parte de la ciudadanía y como es de esperar de la responsabilidad que en ellos se delega. En palabras de Albert Einstein: "El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad".

 

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