Alcoholismo 

Alcoholismo. Psicólogos Coruña.

—¿Por qué bebes? —preguntóle el principito.

—Para olvidar —respondió el bebedor.

—¿Para olvidar qué? —inquirió el principito, que ya le compadecía.

—Para olvidar que tengo vergüenza —confesó el bebedor bajando la cabeza.

—¿Vergüenza de qué? —indagó el principito, que deseaba socorrerle.

—¡Vergüenza de beber! —terminó el bebedor, que se encerró definitivamente en el silencio.

Y el principito se alejó, perplejo. Las personas grandes son decididamente muy, pero muy extrañas, se decía a sí mismo durante el viaje.


Antoine de Saint-Exupéry, El principito


  La historia de las drogas ha transcurrido en paralelo a la del ser humano. Desde siempre hemos consumido sustancias para alterar nuestra consciencia, comunicarnos con las deidades o simplemente con fines curativos. Ya en el mundo clásico se hacía referencia a las propiedades "euforizantes y energizantes" que las bebidas alcohólicas, y en especial el vino, aportaba al los fieles de Baco:


"Tú aplicas un tormento blando

al carácter que es de ordinario duro;

tú descubres, de acuerdo con el burlón Lieo,

las dudas y secretos pensamientos de los sabios.

Tú vuelves la esperanza a las mentes inquietas

y añades fuerzas y valor al pobre,

que, contigo, no teme las coléricas tiaras

de los reyes ni las armas de los soldados.

A ti Líber y Venus —si nos es propicia—

y las Gracias, indolentes a la hora

de desatar sus nudos, y las brillantes lámparas

te harán durar hasta que el regreso de Febo

ahuyente las estrellas".

HORACIO

 

  Esta visión dulcificada difiere con la realidad a la que nos enfrentamos hoy en día. El alcohol es una de las drogas más ampliamente consumidas en todo el mundo, encontrándose Europa a la cabeza con un consumo medio por adulto de 12,5 l./año. Nuestro país no es una excepción y en las encuestas ( EDADES 2011-2012) el 76,6% de la población entre 15 y 64 años admite haber bebido en el último año. El mecanismo por el cual el alcohol produce sus efectos en el cerebro es bastante complicado y todavía no se conoce con exactitud, pero podemos definirlo como un depresor del Sistema Nervioso Central que tiene unos efectos euforizantes y desinhibidores de la conducta a dosis bajas y que a medida que se aumenta la cantidad consumida comienzan a afecta a las capacidades motoras, de aprendizaje y razonamiento llegando a producir el coma y posteriormente la muerte si la concentración en sangre supera el 0,55%.


  La OMS define el síndrome de dependencia del alcohol como " un estado psíquico y frecuentemente también físico, derivado del consumo de alcohol, y que se caracteriza por una serie de conductas que siempre incluyen la compulsión a consumir alcohol de manera continuada, para poder experimentar sus efectos psíquicos, y en ocasiones para evitar los efectos desagradables de su ausencia; pudiendo haber o no tolerancia, manifestándose en la necesidad de tomar cantidades cada vez mayores de la sustancia para obtener los mismo efectos o que el efecto de las mismas cantidades se alcohol disminuya claramente con su ingesta continuada".


  La dependencia del alcohol se desarrolla generalmente de una manera progresiva, al principio se consume en muchos casos por presión social, para "encajar" en nuestro grupo de amigos o para evitar emociones negativas y evadirnos de los problemas cotidianos. Estos primeros contactos con la bebida generalmente no nos ocasionan demasiados problemas más allá de la consiguiente resaca y quizá, arrepentimiento por lo hecho bajo lo efectos del alcohol la noche anterior. Sin embargo y como ocurre con todas las drogas, los efectos positivos a corto plazo como la desinhibición o disminución de la ansiedad salen vencedores y son reforzados positivamente llevándonos muy probablemente a beber de nuevo en búsqueda de esos resultados. A medida que aumenta la dosis y frecuencia de las intoxicaciones comienzan a aparecer los efectos negativos: problemas de coordinación motora, fallos de memoria, lesiones gastrointestinales, depresión, ... según un proverbio japonés, «al principio es el hombre el que tomó una bebida, después la bebida toma una bebida, y al final la bebida, al hombre»


  La razón por la que comenzamos a beber está determinada por diferentes factores como son la herencia genética (existe un mayor riesgo de padecer alcoholismo si alguien en nuestra familia ya lo ha padecido), la ya mencionada presión social (hacer lo mismo que nuestro grupo de iguales para no ser rechazado) o la simple accesibilidad (en un hogar o sociedad en el que se dispone fácilmente de alcohol es más probable que se beba), pero independientemente de las causas que lleven a la bebida excesiva, el alcoholismo provoca graves consecuencias a la persona que lo padece, su entorno y la sociedad en general. Se estima que alrededor del 13,5 % de la población experimentará en su vida un problema relacionado con el consumo excesivo de alcohol, un 6,1% consumirá además otras sustancias adictivas y un 22,5 % manifestará de forma paralela otro trastorno psicológico. Asimismo, los costes sociales son elevados tanto en el ámbito laboral (multiplica entre 2 y 3 veces el absentismo y aumenta la probabilidad de sufrir un accidente) como interpersonal, apareciendo en la mayoría de los casos de violencia doméstica, siendo un factor muy importante en la mortalidad vial (presente hasta en el 72,78% de los fallecidos por accidente de tráfico) y el responsable de uno de cada 6 casos de suicidio.


 Los tratamientos psicológicos para esta patología incluyen el desarrollo de técnicas de autocontrol que ayuden a la persona a reducir las ganas de beber ante las situaciones o emociones que disparan el consumo (bares, reuniones sociales, ansiedad, depresión, etc.) al tiempo que se intenta dar las herramientas adecuadas para solucionar los problemas vitales o "gestionar" esos posibles sentimientos negativos que en muchos casos le han empujado al consumo excesivo de alcohol. 


   Si crees que puedes estar sufriendo de alcoholismo o conoces a alguien en esa situación, es importante que lo consultes con un profesional para obtener la ayuda adecuada.


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